O qué ocurrió después de entrar en pánico.
–¿Que has hecho qué?
–Pedir una ayuda... he puesto un montón de cosas. No sé si nos la darán, pero vamos a empezar ya.
–"Vamos" quiere decir que yo voy a hacer, ¿no?
–Supongo, tú eres la de los libros.
– ...
Y así empezó todo.
Porque no se trataba sólo de montar un festival literario que durara un fin de semana... noooo. Hablábamos de clubs de lectura conjuntos con otras provincias, actividades para todas las edades, buscar autoras que escriban sobre el mundo rural desde el mundo rural, crear guías de lectura, montar un seminario para docentes, grabar podcast. ¡Y qué más!
Menos mal que sabemos que contamos con la complicidad del pueblo. Y que ya tenemos un club de lectura estable mensual, y que la gente del mundo de la escritura es maja y seguro que nos echarán una mano. Y no será por ganas y horas, porque una vive pegada a los libros y lo que más desea en el mundo es que la gente lea (igual no es lo que más deseo en el mundo, quizá la paz mundial y la regeneración del planeta estén primero, lo de que me toque la lotería ya ni lo pido).
Pero lo cierto es que esta que escribe, "la de los libros", no tiene ni idea de por dónde empezar. O sí la tengo, pero me da un palo terrible levantar el teléfono y llamar a quienes sí entienden de festivales, como Santiago Álvarez, de Valencia Negra, que estuvo el año pasado en nuestro club de lectura cuando comentamos su Muerdealmas.
En cualquier caso, tampoco es preciso hacerlo todo ya, ¿no? Voy a empezar por algo un poco más sencillo: el club de lectura rural compartido con un pueblo de Almería. Ya tengo casi convencida a una autora tremenda que, como he sabido después al investigarla un poco, resulta que sabe casi más que nadie sobre festivales literarios. En la próxima entrada te lo cuento.
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