se hace bien.
–Hace 75 años que se publicó El camino.
–Ays, Daniel, el mochuelo, ¡qué recuerdos!
–Va a venir el director de la Fundación Delibes a tu club de lectura.
– ...
—Y van a traer una exposición. Y a lo mejor consigo que venga el nieto.
— ...
Vivo a base de microinfartos, llamarlo ataques de ansiedad se queda corto.
¿Cómo es tan increíblemente maja, colaboradora y desprendida la gente que se dedica a la literatura? Fernando Zamácola va a cruzarse media España para venir a charlar con las diecisiete integrantes de nuestro club de lectura, en una tarde de sábado que hemos dado en llamar "prefestival", el 6 de junio.
Una se siente reconfortada al ver que el legado de uno de nuestros escritores más importantes no cae en el olvido gracias a esta fundación y también a su familia.
Tendremos también la exposición con los dibujos que Delibes hizo para la edición americana. Y es que yo no sabía que Miguel comenzó su vida laboral como historietista. Algo me dice que vamos a descubrir muchísimas cosas más hablando con Fernando, que para eso viene, ¿verdad?
He repasado las estanterías de mi casa y he visto —sorprendida— que tengo unos cuantos libros de Delibes, comprados en mercadillos, rastros, librerías de viejo, que no he leído aún. ¿Cómo se puede tener tanto talento escondido en una biblioteca de casa? ¿Será verdad eso que me dicen de que debería dejar de comprar libros nuevos durante un año y revisar los estantes?
Después de volver a leer El camino, como si fuera la primera vez por lo mucho que lo he disfrutado, me quedo con la sensación de haber leído un cuento maravilloso. Un cuento que, como aquéllos de mi infancia, tenían siempre moraleja y muchos niveles de lectura. De hecho, he notado más de una colleja.
El nieto de Delibes, Germán, ha escrito Mi abuelo Delibes para presentarnos la faceta más familiar y humana del gran escritor. Vendrá al festival el sábado 13 por esa enorme generosidad que demuestra esta familia y sus allegados. Aún no he empezado a leerme su libro... y eso me tiene preocupada porque quiero recibir a todos los invitados como se merecen. Me toca un poco las narices —por qué andarme con rodeos– que la preparación de las mil cosas que implica montar este festival me esté apartando de la lectura. ¿Acabaré aborreciendo los libros?
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