Cómo acordarse de comer y respirar.
—Los altavoces y micros nuevos no van a llegar a tiempo.
— ...
—Respira, tú tranquila, encontraré una solución.
—Los pintores vienen a hacer retoques esta semana.
— ...
—Respira, tú tranquila, seguro que da tiempo a que terminen y limpiar y todo antes de montar la exposición, traer las sillas, etc.
—Los toldos no llegan, se les ha roto una máquina, pero me han dicho que quizá esa misma mañana podamos recogerlos en fábrica con un poco de suerte.
— ...
—Respira, tú tranquila, yo los recojo y los montamos entre todos en un momento esa misma tarde.
—Yo no quiero preocuparte, pero me temo que para lo de Espido no cabremos en el local... y quizá para lo de Paco y Araújo tampoco.
—Mira, para lo de Espido tengo pensado algo que quizá sea una locura. Pero respira, tú tranquilo... ¿A que fastidia?
Soy consciente de que no ha sido fácil soportarme estas últimas semanas. Por más que una intente controlar las acciones y los tiempos, es imposible que todo esté bajo control con la antelación suficiente como para que no me pase el día hiperventilando.
Somos una asociación pequeña en pueblo pequeño con recursos limitados aunque con mucha voluntad e imaginación. Hemos pedido cosas prestadas, he suplicado al teléfono, el club de lectura nunca falla, pero es que los trabajadores y trabajadoras del ayuntamiento nos están ayudando muchísimo. Y todo el mundo en el pueblo me anima, me aseguran que será perfecto, me dan las gracias ya de antemano. Me sostienen, no saben cuánto.
Sé que todo saldrá bien. Tiene que salir bien. Todos nuestros invitados y la gente que acudirá se merecen que todo sea perfecto. Y lo será.
Por cierto, para Espido le he pedido prestada la iglesia al cura. No, aún no estoy loca —tampoco me falta mucho—.
¡Dios mío! Acabo de caer en la cuenta de que debo prepararme presentaciones adecuadas para todos los invitados y actividades.
Uno, dos, tres... cuatro, cinco, seis. Yo me calmaré. Todos lo veréis.
Deja un comentario