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12. Susto o muerte

Respira, tranquila, respira, tranquila.


—Mañana a las 7:30 en la plaza. Tenemos que probar el sonido, poner el escenario, el proyector, las sillas... Acordémonos de...
—Sí, de las carpas para los autores KM0, las editoriales, la librería.
—Y mesas y sillas para ellos. ¡Y las placas para que no pasen coches!¡Y reservar plazas de aparcamiento para los autores invitados!
—¿Has terminado las presentaciones?
—Ah, dios, se me olvidaba imprimirlas. Y falta poner las sillas en la era Marcos para el concierto.
—Uff.


Todo el mundo me decía que esos nervios de las horas antes de cada sesión, cuando repasaba que todo fuera perfecto en la sala o en la plaza, se me pasarían en cuanto estuviera delante de la gente, junto a mis autores queridos. Ha sido así en parte. La responsabilidad que he sentido por que todo estuviera perfecto para ellos y se fueran contentos, satisfechos y enamorados de nosotros me ha encogido el estómago y contracturado la espalda. Pero sí es verdad que he disfrutado muchísimo con ellos.

No todos los días una puede sentarse a comer y charlar con Pancho Varona, ni él se relaja en su casa y juega con el gato de una y prueba la guitarra antes de salir a tocar y cantar. Y supongo que sólo una vez en la vida se tiene el placer de comer y debatir con Espido Freire durante dos horas, después de su charla, con los nervios ya templados porque todo ha ido genial y la iglesia ha sido un escenario perfecto para ella.

Pero vayamos por partes, porque me saltaba a los niños del cole y su documental; a José Tomás y Alfredo Izquierdo contándonos cómo fue su infancia de pueblo y por qué han escrito sobre ella; a Germán Delibes, que vino el viernes por la noche y se sentó a nuestro lado para disfrutar del concierto de Pancho. Y después de Germán, Alicia Sellés presentó la asociación Las vecinas de la era. Y nos trasladamos a la iglesia para escuchar a Espido Freire. Y por la tarde disfruté muchísimo en la mesa redonda sobre edición y publicación. Y todos nos reímos como críos en el taller de ilustración justo antes de irnos a la Cena de las Velas. Y Paco Roca inauguró su paseo literario y estuvo dos horas y quince minutos dedicando libros mientras los asistentes y la organización nos relajábamos en un vermut rural bien merecido.

Sólo tuvimos un momento triste, no todo pudo salir bien, y el sábado por la tarde nos llegó un mensaje de Joaquín Araújo informándonos de que no podría venir por motivos personales. Afortunadamente no era nada grave, ningún problema de salud, que fue lo primero que temimos. Nos mandó un video de disculpa y un pequeño documental que proyectamos. Y todo el mundo se emocionó con él, incluso en la pantalla, porque ese hombre y su lucha vital por la naturaleza son poesía pura.

Agotados pero satisfechos nos retiramos al descanso del guerrero... el viernes que viene más.

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